Has
Silencio, Escucha Mi Voz
Cuando
triste me siento en las tardes, mi dulce
Jesús;
fuertemente
clamo a ti y mis ojos con lágrimas
elevo
al cielo para poder entregarte mi dolor.
Puedo
oír tu voz dándome aliento para continuar.
Tú,
mejor que nadie puedes comprender lo que
que
abate mi alma , abate mi ser. Tú siendo
santo
Santo,
Santo te dignas a mirarme y secar mis lágrimas,
me
guías a tu Palabra y me dices: “ Te amo yo morí por ti.
Es angosta la senda que debes seguir,
nunca digas
que me es indiferente tu gemir. Vives
en este mundo,
Sierva peregrina eres aquí, no mires
las nubes oscuras,
Pronto el dolor pasará, yo te esfuerzo
para qué no desmayes.
Continúa el camino, es angosto, afirma
tu rostro hacia mi cruz.
No luches sola, Al Espíritu Santo debes
oír, canta aún en el dolor,
entrégame tus temores, no puedes vivir
así, atormentada por tanto
luchar con tus flaquezas deja al
Espíritu Santo actuar.
Yo soy tu Jesús amado y la fuente de
agua viva, sumérgete
en mi, sierva mía yo te amo y no olvido
tu oración.” Así
me
tomó
entre sus manos y con sedas me cubrió, seco mis lágrimas y mis tormentos quitó.
Es la fuente de agua viva y de ella quiero toda
mi
vida beber.
(Si,
toda mi vida,). Porque nada vale más que
él.
Autora: Mirta Barolo de Acuña.
Foto: Juan Edelmiro Acuña.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario