ME PERMITÍ SER MUJER
Una estrella iluminó mi vida,
en esta noche donde una
tormenta me amenazaba.
Apareció, sin anunciarse cuando
menos la esperaba. Ansiaba
que la tormenta se marchara
la ansiedad¡ Me consumía! Quitándole
la luz a mi vida.
Entonces clamé, alcé mis ojos con lágrimas a Dios.
En un instante, el cielo hizo silencio y sentí en mi rostro,
Unas manos con un
pañuelo de fina seda secaban mis lágrimas.
Era Él, mi Jesús,
Desesperada, me aferre a sus
brazos tiernos, lloré.
(Me permití ser mujer)
Entonces dulcemente acarició
Mi cabeza afiebrada
y con voz tierna, dijo: reposa
no mires la tormenta,
mírame a mí”
Y entonces sentí el consuelo de
quien siempre me sustenta.

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